Cuando algo te pasa y no sabes lo que es... ¿transformación interna?


Todos experimentamos épocas de calma y épocas transformación. Este movimiento es importante, porque nos hace evolucionar. Pero muchas veces nos resistimos a él, pues a nuestro ego no le gustan los cambios: prefiere la comodidad, la rutina, los automatismos y el estancamiento. En cambio el alma desea continuar su viaje evolutivo a través múltiples experiencias, que la llevarán a alcanzar mayores niveles de consciencia, libertad, y amor. Y ahí es cuando surgen los conflictos interiores. Y es entonces cuando aparece el sufrimiento.

Como las orugas que pasan a ser mariposas, cuando nos llegan tiempos de experimentar transformación, nos vemos casi forzados a hacer cambios profundos. Es un poco parecido a cuando nos estamos mudando a otra casa, pues ese cambio implican revisar muchas cosas: evaluar, decidir que quiero y que no, que me sirve y que no, que tengo y no necesito, que necesito y no tengo aún...

Y muchas veces cambiar, soltar, transformarse… duele.

A mí, personalmente, me ha ayudado mucho aprender a “salirme” de mi personaje e imaginar que desde arriba, a vista de pájaro, puedo contemplar la escena de mi vida, como si se tratara de un escenario teatral en el cual yo soy solo una actriz con un papel “estelar” en ese momento. Esta des-identificación me permite sentir alivio al relativizar la gravedad de las cosas que me suceden; además me deja ver las cosas desde otra perspectiva, lo cual me ayuda a ganar claridad y, por último, me permite sentir la certeza de que aquella escena que estoy interpretando, la superaré, es pasajera, se irá... y yo también me iré. Todo es pasajero. También la obra completa de teatro ;)

Sabemos que la vida implica cambios constantes. Y sin embargo hay épocas en que esos cambios vienen a remover nuestros cimientos y exigen serias introspecciones de nosotros. Estás épocas vienen por lo general acompañadas de mensajes o señales múltiples.

Si es tu caso, si a tu vida están llegando de pronto nuevas informaciones, mensajes o señales, lo primero que hay que hacer es ver si apuntan hacia una misma dirección. Para eso, hay que descifrar cada uno de los mensajes por separado: Si son meras informaciones, detecta cual es el común predominante en ellas. Si son señales, comprueba si se repiten y qué estabas haciendo, diciendo, sintiendo o pensando en ese justo momento. Si es un síntoma físico, pregúntate ¿qué me está diciendo? (te puedes ayudar de algún diccionario de biodescodificación o bioneuroemoción); si es un estado emocional, busca en tu interior si se repite y cuándo viene. Si son eventos inesperados o accidentes... ¿qué podrían simbolizar para ti sus elementos?

También es muy recomendable anotar y analizar tus sueños ya que en ellos podrías encontrar muchas claves... (próximamente publicaré un post dedicado a este tema, con trucos para recordar mejor tus sueños y para interpretar adecuadamente sus símbolos). Y, sobre todo, tomar momentos de pequeñas meditaciones, dinámicas o no, para conectar con tu interior y sentir la MAGNITUD de lo que está sucediendo dentro de ti.

Cuando no sabemos qué nos está pasando y sentimos que es algo importante, pero no hemos hecho consciente aun lo que es, entonces se activa dentro de nosotros un mecanismo instintivo de miedo. En estos momentos, es muy importante pararse a sentir este miedo y preguntarnos a nosotros mismos ¿Por qué tengo miedo? Luego, será muy importante responder con la mayor honestidad posible. La honestidad es fundamental, porque a veces nos auto engañamos al responder, ya sea porque nos da miedo reconocer que tenemos miedo, o incluso porque nos da miedo lo que implica el reconocer eso que nos da miedo.

Por ejemplo, supongamos que se trata de tu trabajo; quizás al principio te habías sentido muy a gusto y feliz en ese trabajo, pero con el tiempo sientes como que algo te falta… probablemente no satisface algo que tu ser esencial quiere experimentar. Esa limitación hacia tu esencia te genera frustración (la cual probablemente sea aún inconsciente), ese no saber te hace sentir confusión y, como la frustración no cesa, se generan en ti probablemente sentimientos de impotencia o de ira. Toda esta mezcla genera en ti intranquilidad e inquietud, pues no sabes qué es lo te pasa (pero sientes que algo te pasa y además sientes que es algo importante) y además, sabes que no lo puedes meter bajo la alfombra (pues quizás lo hayas intentado, y no funcionó). Entonces comienzas a sentir miedo. Miedo ante algo que te está haciendo sentir mal a ratos o que te quita el sueño y que además es algo “desconocido” y misterioso… aquello se ha vuelto casi un fantasma que "asusta" en tu casa ...y hay "fantasmitas" y/o grandes entidades fantasmagóricas, eso dependerá de la magnitud de lo que sientas. Sin embargo, está claro que ninguno te hace bien y ambos activan dentro de ti un cóctel de neuropéptidos de emociones negativas, al cual se le podría incluso llegar a sumar la ansiedad como "toque final”, en caso de que comiences a sentir prisa por saber lo que te pasa... y esa prisa te puede provocar nuevamente frustración si no encuentras, con la rapidez que deseas, una solución que te ayude a recuperar el equilibrio, la serenidad y la claridad.

Hay tres pautas que, a mí personalmente, me ayudan a lograrlo:

  1. Busca el apoyo de a alguna amiga(o) de confianza, que te escuche con atención y respeto, sin juzgarte y sin darte consejos a la primera… es mejor si le pides que se limite a escucharte y, de ser posible, a hacerte preguntas que te ayuden a conectar, a sentir y a encontrar tus propias respuestas. Si esto no te fuese posible, también puedes escribir y hacerte una “auto-entrevista” (esto a veces solo funciona bien para quitar presión interna; dependerá del nivel de confusión). Y si la magnitud de lo que te inquieta es intensa, pedir ayuda a un buen coach o terapeuta de confianza podría evitarte pérdidas de tiempo y desgastes inútiles de energía, pues llegar a un sitio a pie es posible, pero si vamos "con" coche (coach) es más rápido... Lo importante es que logres aclararte en la mayor medida posible, pues la claridad es el elemento clave para resolver cualquier conflicto interno.

  2. Escribe todas las preguntas, las respuestas y las cosas importantes que hayan emergido en esta primera fase (emociones, ideas, recuerdos, dudas, deseos). De hecho, en una época así, es muy recomendable comprar una libreta “de trabajo interior” para ir anotando todo lo que te vaya sucediendo: cada nueva información que te llegue, señales, sueños, coincidencias, síntomas, y sobre todo, las nuevas claridades que vayas encontrando.

  3. Una vez que tienes las cosas más claras, llega el turno de ser coherente e ir actuando y dando los pasos necesarios encaminados en la dirección de tu bienestar. Puedes elaborar incluso tú misma(o) una especie de “plan de acción”, con pequeñas metas a lograr una tras otra. Sin prisa, pero sin pausa, pues algunos pasos serán algo difíciles o incómodos, pero una vez dados, experimentarás un gran alivio y tu sentimiento de bienestar se incrementará y eso te motivará a dar los siguientes pasos.

A todo esto, puedes agregar la meditación, pues es una excelente forma para encontrar claridad interior.

Lo más importante de todo es fluir y confiar. Fluir, para no sufrir más de la cuenta, pues entre más resistencia al cambio, mayor será el sufrimiento. Y confiar, confiar en que cada etapa de nuestra vida representa un paso evolutivo para el alma y que cada suceso tiene para nosotros un regalo. Como símbolo del yin-yang!, donde la parte oscura tiene siempre su punto blanco y luminoso también. Como esa oscuridad del cielo nocturno, decorado con miles de estrellas que brillan y nos dejan sentir cuán infinita y misteriosa es la vida. O como la llegada del amanecer y su preciosa enseñanza: la certeza de que después de cada noche oscura siempre brilla nuevamente el sol.

Laura Camacho, coach personal.


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